Con la emoción a flor de piel

Un día como cualquier otro, de la misma manera que le sucedió a tanta gente, me entero por televisión, que el nieto 114 de las Abuelas de plaza de mayo (Argentina), había aparecido.
Se trataba de Guido Carlotto, nieto de Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas.

Es que a sus 36 años, Ignacio Hurban, conoce su verdadera identidad.
Cuenta que fue en su último cumpleaños, donde se entera de su adopción y después de haber pasado un tiempo con dudas relacionadas a su verdadero origen, decide por su propia iniciativa, comenzar la búsqueda de esas respuestas.

Éste caso revoluciono, no solo a la Argentina, sino a la región.
Esa lucha incansable de Estela por encontrar al hijo de Laura, a su nieto, había llegado a su fin, y la emoción fue tan grande que llegaba al corazón de todos los que de alguna forma fuimos testigos ese día.

Todos hablaban de Ignacio, o Guido, queriendo saber más de él, de su vida y los detalles de tal acontecimiento, y a mi me embargaba la emoción de lo que tremendo acontecimiento significaba no solo en la vida de esa familia, sino en la de todos como sociedad, era otra historia que se cerraba, pero que al mismo tiempo comenzaba.

Y yo también quise encontrarlo y saber un poquito mas de él, y lo encontré.
Como lo había mencionado en entrevistas, es músico, así que lo busqué en internet y así fue como dí con su página web (que ya no lo tiene).

Con la esperanza en mi corazón, y al mismo tiempo considerando los miles de mensajes que debería estar recibiendo a diario, le escribí una carta, con la emoción a flor de piel.

Grata fue mi sorpresa, y la emoción me invadió, cuando recibo su contestación. 
Sin duda, éste recuerdo no lo olvidaré jamás. 



¡¡ Gracias Ignacio, por tu generosidad !!






1 comentario:

  1. Ignacio M. C. ‏@montoyacarlotto
    Ignacio Montoya Carlotto
    8 h ·
    Hace un año de hoy recibía una llamada de un número desconocido y de un momento a otro el frente de mi casa se me llenó de gente. Intuí que algo o todo de lo que había hasta ahí no sería igual de ahí en más, Hasta ese entonces era dueño de una franca y apacible vida que se veía materializada en unos afectos buenos que supieron acompañarme con la valentía de gladiadores y el amor de los mejores amores. Comenzó ese 5 de agosto de 2014, un viaje con olor a aventura y sueños de final feliz, abrazos muchos llantos, preguntas, respuestas y más respuestas que preguntas. Me encontré en el abrazo de las Abuelas, el apretujón de los tíos, y la cara de sorpresa de los muchos primos, con la alegría reflejada en lágrimas de una larga vida de búsqueda, al fin con el premio del abrazo final. A la vuelta de este gran y muy largo año, me vuelvo a encontrar con algo que escribí hace mucho –seguramente leído de algún otro lado- que sabia pero ahora lo sé con el definitivo valor de la experiencia: “Las mejores cosas de la vida no son cosas”
    Ignacio-

    De ésta manera, Ignacio lo manifesto hoy en las redes sociales, y al leerlo, en mi permanece aquella emoción, donde la vida misma se manifestaba delante de nuestros ojos.
    No hay dudas que "las mejores cosas de la vida, no son cosas".
    Si algún día pasas por aquí, recibe mi más cálido saludo y el deseo de que la vida te depare lo mejor siempre.
    Ana.

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