24 feb. 2014

Entre mi hijo y yo, la luna de Carlos Páez Vilaró



El 12 de octubre de 1972, un grupo de jóvenes jugadores de rugby del colegio Old Christians, de Montevideo, partió en gira deportiva hacia Chile. El avión, sorprendido por una tempestad, perdió todo contacto radial y cayó en la cordillera de los Andes. Carlitos Miguel, uno de esos jóvenes, era hijo del pintor uruguayo Carlos Páez Vilaró. Cuando supo la noticia, Páez se trasladó de inmediato al lugar de la tragedia y se sumó al operativo de búsqueda y rescate organizado por el gobierno chileno. A pesar de haber realizado sostenidos esfuerzos, luego de ocho días sin novedades se detuvieron las expediciones para hallar a los accidentados. Páez Vilaró no se dio por vencido: reclutó voluntarios, consultó videntes, parapsicólogos, rabdomantes, y se internó en la montaña en una búsqueda desesperada de su hijo. A tres meses de ocurrido el accidente, su perseverancia dio frutos: ante la incredulidad y el estupor general, fueron hallados 16 sobrevivientes de la tragedia. Carlitos Miguel estaba entre ellos.

Veinte años después del episodio, uno de los más dramáticos y escalofriantes de la humanidad, su padre escribe esa historia angustiante y dolorosa que terminó con el feliz reencuentro de un padre con su hijo en las vísperas de Navidad.

 “Si no me encuentras enseguida, no te desanimes;
 Si no estoy en aquel sitio, búscame en otro.
 Te espero…, en algún sitio estoy esperándote.”
 WALT WHITMAN

 “Cada vez que veo la luna, pienso
 que mis padres también la están mirando
y eso me mantiene junto a ellos.”
“Cuando la luna aparece detrás de las montañas
pienso que mi hijo seguramente la estará observando.
 Tal vez sea lo único que ambos podemos ver sin vernos
y nos sirva de espejo para mantener nuestras imágenes
estrechamente unidas.”

“…Entonces se produce lo inevitable: alguien trae la noticia de que no hay información del hallazgo del avión. Las ilusiones se derrumban en todos y los sollozos cubren los comentarios.
Debo preparar mi viaje de inmediato y como sólo llevo lo puesto, Mercedes abre el ropero de Carlos Miguel y me dice: Papá, si Carlitos te saca a ti la ropa para viajar, ¿por qué no haces tú lo mismo y te pones la suya? Ella tiene razón y me pruebo lo que me queda mejor.
Voy hasta el cuarto, abrazo a Madelón, a Buba, a las chicas, que en la misma cama están llorando confundidas en una sola forma, y les prometo que volveré con Carlitos a toda costa. - Estamos seguras papá –me dice Agó – siempre que nos prometiste algo lo cumpliste.
Con cuidado paso por encima de los amigos de mi hijo que, vencidos por el sueño en la larga espera, duermen amontonados sobre la alfombra o en el pasillo. Aún me faltan algunas horas para partir pero la ansiedad me empuja a irme al aeropuerto. Para ganar tiempo, para hacerme a la idea de que ya estoy en marcha, para no demorarme en el encuentro con mi hijo….”


Audio de la lista de sobrevivientes 
por Carlos Páez Vilaró.






Carlos Páez Vilaró


visita su sitio web, clic en la imagen


Nació en Montevideo el 1º de noviembre de 1923.
A los 18 años viajó a Buenos Aires a trabajar en una fábrica de fósforos y más tarde incursionar en el sector de las artes gráficas. A los dos años se vuelve a Montevideo, donde, impactado por las comparsas de los barrios Sur y Palermo y por el Conventillo Mediomundo, se vincula con la comunidad afrouruguaya y comienza a colaborar con la organizacion del desfile de llamadas.
Ésta experiencia lo inspira a realizar sus primeras pinturas, plasmando distintos aspectos de la cultura y de la vida cotidiana del afrouruguayo: llamadas, bailes, religiosidad, casamientos, naciementos, velorios, etc.
Además de las artes plasticas, la escritura ha sido otra de sus pasiones, y han sido libros como La casa del negro, Bahía, Mediomundo y Candango, inspiraciones de sus viajes e investigaciones realizadas que lo llevaron a conocer personalidades como Jorge Amado, Ildefonso Pereda Valdés, Paulo de Carvalho Neto y Vinicius de Moraes.
Entre varias ocupaciones, fue columnista en la revista semanal Caras y Caretas.
En 1955 se casó con Madelón Rodriguez Gomez de la que se divorció en 1961. Fruto de ese matrimonio nacieron tres de sus 6 hijos, Carlos, Mercedes y Agó. En 1989 se vuelve a casar ésta vez con  Anette Deussen con la que tiene a sus otros tres hijos, Sebastian, Florencio y Alejandro.

En 1958 empezó a construir Casapueblo la denominada por él mismo como una "escultura habitable" ubicada en Punta Ballena a 13 Km de Punta del Este. Con el tiempo además de su hogar, el lugar se convirtió en taller y posteriormente también en museo y hotel, siendo uno de los atractivos turísticos del departamento de Maldonado en Uruguay. Según el propio Páez Vilaró "La construí como si se tratara de una escultura habitable, sin planos, sobre todo a instancias de mi entusiasmo. Cuando la Municipalidad me pidió hace poco los planos que no tenía, un arquitecto amigo tuvo que pasarse un mes estudiando la forma de descifrarla."

Además de la pintura incursionó en el cine en 1967, como coguionista de la película Batouk, dirigida por Jean-Jacques Manigot, largometraje de 35 mm en color de 65 minutos de duración. Los coguionistas fueron Aimé Césaire y Leopold Sedar Senghor que aportaron poemas. La película participó del Festival de Cannes de 1967.  También existen referencias a una película experimental titulada Une Pulsation, basada en una secuencia de imágenes tomadas por Carlos Páez Vilaró durante un viaje alrededor del mundo con su amigo Gérard Leclery, la película realizada en París incluía música de Astor Piazzolla. Según los autores del libro Le Grand Tango: The life and Music of Astor Piazzolla luego de la realización de dicha película, Piazzolla le hizo llegar a Páez Vilaró un casete con una nota adjunta "Gracias por la libertad que me has dado, me siento como un nuevo Piazzolla".

El 13 de octubre de 1972, el avión Fairchild Hiller FH-227 de la Fuerza Aérea Uruguaya, se estrelló en la Cordillera de los Andes, con 45 personas a bordo, una de ellas era su hijo, de esta manera se vio involucrado en la denominada Tragedia de los Andes, a través de su hijo Carlitos Páez, que integraba el equipo de Rugby Old Christians, durante los 72 días que duró su desaparición fue uno de los líderes en la búsqueda de sobrevivientes.
De dicha experiencia surge su libro Entre mi hijo y yo, la Luna.
"Entre Carlitos y yo estaba la luna que me miraba desde el cielo. Y yo le había chiflado detrás de la Cordillera, como para que supiera que estaba ahí".


Carlos Páez Vilaró Falleció el 24 de febrero de 2014 en su Casapueblo, donde vivía y trabajaba. En una nota enviada al diario El País, el 6 de febrero, pocos días antes de morir, con relación a las llamadas, en las cuales participaba todos los años, sin ser el 2014 una excepción, escribía Carlos Páez Vilaró:

"Hoy a la noche, cumpliendo mis 90, cerraré mi aventura entre tambores. Un final que nunca quise aceptar, pero que la vida nos obliga a cumplir. Del brazo de Cachila, en Cuareim 1080, y frente a la sonrisa de Carlitos Gardel, trataré de darme el gusto de retirarme dándome un baño de pueblo. Recorrer entre humaredas de chorizos al pan las callecitas doradas del barrio Sur y abrazarme con su gente por última vez".


¡¡ Hasta siempre maestro !!


   


6 comentarios:

  1. tienes el pdf de este libro? desde chile recibe mis saludos

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    1. Hola, lamentablemente no lo tengo, sino con gusto lo compartiría. Saludos para ti también. Ana

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  2. Cómo puedo bajar el libro para leerlo ? Gracias

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